Praga judía

Praga judía

También la judería de Praga vivió su edad de oro cuando el emperador confirmó los privilegios de los judíos.

La Ciudad Judía floreció bajo su reinado como nunca antes había sucedido.

En esa época, se construyeron las sinagogas Maisel, Pinkas y Alta, así como el ayuntamiento y muchos otros edificios tanto privados como públicos. En Praga, se establecieron conocidas escuelas de talmud y nacieron destacadas obras literarias y científicas. Aquí trabajaron numerosos talleres de imprenta hebreos. Incluso vivió el personaje legendario de la entonces Praga judía, Yehuda Liva ben Becalel, también conocido como el rabi Löw, que debe su fama a que le otorgan la autoría de la figura mítica de el Golem. Hoy sus restos yacen en el Cementerio Judío local, a pesar de que en Praga solo pasó una parte de su vida.

 

Foto: Antiguo Cementerio Judío (© Thinkstock), Sinagoga Alta (© City of Prague)

Golem

El misticismo judío describe a el Golem como una estatua animada por el hombre. La imagen de la figura humana de arcilla posiblemente tiene su origen en el antiguo Egipto donde hay testimonios literarios de la misma en un cuento de la segunda mitad del siglo VI antes de Cristo. Sin embargo, el de Praga es uno de los golems más famosos. Se dice que lo creó, a finales del siglo XVI, el rabino judío Yehuda Liva ben Becalel para proteger la judería de los cristianos. Golem resucitó después de que se le introdujera un shem – un rollo – en la boca y sólo obedecía a la persona que lo introdujo. En referencia a la destrucción del Golem de Praga, cuenta la leyenda que un día el rabino, al salir de la sinagoga, se olvidó de sacar el shem de la boca del Golem, y éste, como no le habían encargado ningún trabajo, empezó a romper valiosos muebles, estatuas y todo el equipamiento de la casa del rabino. La criada, asustada, corrió hacia la sinagoga pidiendo al rabino que acabara con  los estragos causados por el Golem.  El rabino le gritó al Golem ordenándole que se detuviera y le sacó el shem de la boca. Y como el shem fue sacado durante una fiesta judía, el Golem se descompuso y se transformó en polvo. Cuenta la leyenda que los restos del Golem fueron depositados en el desván de la Sinagoga Vieja Nueva, donde no se ha podido entrar desde entonces. En el pasado, solo dos personas recibieron el permiso para explorar el lugar: en 1920, lo buscó, en vano, el periodista Egon Erwin Kisch y en los años 80 del siglo XX fue Ivan Mackerle con ayuda de un georadar. Aun así, la figura del Golem sigue viviendo solo en las páginas de los libros. La adaptación más famosa de la leyenda de Praga es la novela cuyo autor es el praguense escritor judío Gustav Meyrink.

Foto: El legendario Golem praguense y su creador rabino Löw, Sinagoga Vieja-Nueva del año 1836

 

El padre del Golem está sepultado en el Viejo Cementerio Judío, que como si de un milagro se tratara ha sobrevivido todos los pogromos, las remodelaciones para sanear y las guerras de la historia de Praga. Sus lápidas contienen la bendición del fallecido, la llamada oración de la piedra, incluso algunas, desde el siglo XVI, están decoradas con extraños símbolos cuyo significado no ha sido descifrado por el momento. Los más frecuentes son los símbolos de animales: un león, un pez, un ciervo y un oso. Cuando encuentres la tumba del rabi Löw, escribe en un papelito tu petición junto a una oración. Cuenta la leyenda, que se te cumplirá cualquier deseo.

Einstein, Kafka y el violín

¿E=mc?

Por algún tiempo, Praga ofreció refugio a uno de los mayores pensadores que se han dedicado a los secretos del universo, Albert Einstein. Uno de los físicos más importantes del siglo XX llegó a Praga en abril de 1911 para dar conferencias de física teórica en la universidad alemana. Einstein esperaba mucho de su estancia en la ciudad situada a orillas del Moldava, ya que aquí por fin podría dedicarse únicamente a su trabajo científico. En Praga, pasó un año y tres meses y durante esta época, como él mismo reconoció años después, recorrió un gran camino hacia la teoría general de la relatividad. Resumió su agradecimiento a Praga en 1923, en el prefacio de la edición checa de la interpretación de la relatividad especial y general: “Me alegro de que este pequeño libro se publique ahora en el idioma nacional de aquel país en el que encontré la concentración necesaria para darle poco a poco una forma más determinada a la teoría general de la relatividad que concebí ya en 1908”.

 

Albert Einstein (1921), Franz Kafka (1912)

 

Durante su estancia en Praga, Einstein publicó once de sus trabajos. Pero su vida no solo giraba en torno a la gravitación y la teoría de la relatividad, ni mucho menos, como lo evidencia la larga lista que recopila sus otras actividades. Además del círculo de música del cuarteto de cámara, que el profesor excéntrico frecuentaba para relajarse mientras tocaba el violín, era uno de los invitados de la compañía de filósofos que se reunían en una de las mesas de la cafetería Louvre, en la avenida Národní třída, y del salón de Berta Fantová, donde se reunía la élite intelectual de Praga. Entre los invitados más frecuentes también se encontraba el escritor Franz Kafka. No se ha conservado ningún recuerdo del encuentro de estos dos genios, con lo cual solo podemos adivinar cuál sería el tema de las conversaciones de estas dos grandes personalidades, y presuponer si su encuentro mutuo pudo enriquecerlos de alguna manera. Pero solo la idea de que fuera así seduce tanto que es difícil de resistirse a ella. El poeta checo Jiří Karásek de Lvovice incluso ve en ello el rasgo típico del ambiente praguense de aquella época:

"Praga es la única ciudad donde uno tiene la sensación de poder encontrarse con alguien tan extraño, que decida sobre su destino, que tenga tanto poder que de repente uno se halle impotente bajo su influencia."

Sinagogas praguenses

Praga

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