El lugar de la reconciliación

Mikulov

El poeta checo Jan Skácel una vez dijo que Mikulov es como un trozo de Italia que ha sido trasladado por voluntad de Dios a Moravia.

En esta ciudad antigua, el centro principal de la fértil región vinícola, realmente se puede vivir, en una tranquila tarde de verano, ese ambiente sosegado que es tan típico de las tierras del sur.

Lo sentirás paseando por la ciudad renacentista medio vacía, así como contemplando su valle, bordeado por blancas rocas que se extienden hacia el horizonte lejano. Algunos dicen que Mikulov es un lugar donde uno puede soñar con los ojos abiertos sin ser perturbado por nada ni nadie. Y hay quienes opinan que este sueño podría hacerse realidad.

 

Foto: Plaza de Mikulov (© Jan Miklín), Palacio en Mikulov (© Ladislav Renner)

 

Si, en un momento oportuno, miras en Mikulov a tu alrededor, tal vez a primera vista nada haga referencia a la historia accidentada de la ciudad, cuyos principios se remontan al siglo XI. En un principio surgieron pequeños asentamientos , cerca de la Ruta del Ámbar, muy transitada por los comerciantes romanos que iniciaban sus arriesgadas expediciones hacia el lejano Báltico en busca de la valiosa resina. En la Edad Media, el rey Přemysl Otakar I mandó construir, justo aquí, un castillo que debía proteger la frontera de Moravia y Austria. Poco después, el castillo pasó a manos de Henrique de Liechtenstein, por sus fieles servicios, reempezándose así a escribir la famosa historia de la ciudad.

Ciudad célebre por su tolerancia

Durante el gobierno de los Liechtenstein, en la primera mitad del siglo XVI, en la ciudad se refugiaron integrantes de la secta de los anabaptistas conocidos en Moravia como “habáni”. Años más tarde, la ciudad acogió a una numerosa comunidad judía. Los judíos contribuyeron a que Mikulov, en aquel entonces probablemente la ciudad más tolerante de Europa, viviera una época de prosperidad extraordinaria. Sucesivamente se convirtió no solo en el centro mundial de los anabaptistas, sino también en sede del rabino de toda la provincia de Moravia.  Aquí nació y ejerció de rabino el famoso Yehuda Löw, que según cuenta la leyenda, fue autor de la mítica figura de Golem de Praga.

La ciudad judía fue destruida hace muchos años por un incendio, no obstante, hasta hoy podéis visitar la sinagoga o pasear por el segundo cementerio judío más grande de la República Checa. Hasta hoy día podéis admirar la habilidad y las capacidades vitícolas de lo anabaptistas moravos (Habáni) no sólo en exposición de viticultura en el Castillo sino también durante la visita a las próximas bodegas (Habánské sklepy), las mayores de las bodegas construidas por el grupo en Moravia.

Barril gigantesco
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El castillo de Mikulov, transformado en palacio, ha vivido a lo largo de su historia períodos de fama singular, pero también de frustración total. En muchas ocasiones fue asediado y conquistado por numerosos ejércitos que pasaron repetidamente por esta región trasladándose “de uno de los campos de batalla mundiales al otro”. Sucumbió a varios incendios, pero una y otra vez como el fénix renació de las cenizas, en una forma nueva y aún más majestuosa. En el siglo XIX, durante las guerras napoleónicas y austro-prusianas se convirtió en el lugar de parada de algunos de los mayores jefes militares de la historia mundial, incluso aquí negociaron las condiciones de los acuerdos de paz que cambiaron el mapa de Europa.

Acuerdos de paz

En 1805, después de la batalla de Austerlitz pasó aquí unos días el emperador Napoleón para firmar el acuerdo de paz con Austria. Actualmente, recuerda su estancia una exposición en el palacio y una vez al año, la ciudad se aviva con la tradicional celebración de espectaculares reconstrucciones de aquellos acontecimientos históricos. Aquí también  medio siglo más tarde, en 1866, los máximos representantes de Austria y Prusia negociaron las condiciones de paz. En el palacio se instaló el cuartel general del rey Guillermo I de Prusia y de Otto von Bismarck. Las condiciones negociadas en Mikulov fueron confirmadas por la Paz de Praga, que puso punto final a la Guerra Austro-Prusiana.

 

Foto: Otto von Bismarck, María Teresa de Austria

Foto: Napoleón I Bonaparte, Guillermo II

 

Otro de los capítulos históricos de la famosa ciudad empezó a escribirse en 1575 cuando los Liechtenstein fueron sustituidos en el señorío de Mikulov por los Dietrichstein, cuyos éxitos y fracasos, tanto desde el punto de vista político como económico, marcaron el destino de la ciudad y de sus habitantes durante otros casi cuatro siglos.

El personaje más importante de la estirpe fue el cardenal Franz Seraph von Dietriechstein, apodado como Rey de Moravia, que en los tiempos difíciles, caracterizados por las prolongadas luchas entre los católicos y los no católicos, hizo de Mikulov el centro de la entoces vida cultural y de la civilización. El cardenal, estrechamente relacionado con el ambiente cultural italiano de esa época, inició la transformación gradual del castillo desde lo que en un principio fue, una austera fortificación, a una residencia renacentista que llegó a ser muy representativa en la época ya que satisfacía las necesidades correspondientes al rango social del cardenal. También trasladó su cancillería y toda la corte a la ciudad, llegó a crear una de las bibliotecas más grandes y valiosas de Europa y fundó el primer colegio escolapio fuera de Italia.

El palacio mantuvo su aspecto manierista durante tan sólo cien años. En 1719, tras un incendio devastador, fue reconstruido al estilo barroco, no obstante, en el futuro tampoco se pudieron evitar otros incendios. El último asoló a la ciudad de Mikulov a finales de la Segunda Guerra Mundial. En los años 50 el recinto del palacio fue de nuevo renovado adquiriendo su antiguo aspecto barroco, y actualmente alberga el museo de la región de Mikulov.

 

 

Mikulov

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