Las costumbres alimenticias de los checos no difieren mucho de las europeas. Se suelen hacer tres comidas al día: desayuno, almuerzo y cena, siendo la comida más importante para la mayoría de los checos el almuerzo. Servido en casa o en un restaurante, el almuerzo consta de tres platos: sopa, plato principal y postre (eventualmente ensalada). La sopa es fundamento, suelen decir a los hijos sus mamás. Para recuperarse de una enfermedad o tranquilizar el estómago alterado viene bien un buen caldo de vaca o caldo de pollo (hovězí vývar o kuřecí vývar). El caldo con fideos caseros y albondiguillas de hígado suele formar parte del menú de boda. Además de los caldos los cocineros checos saben preparar deliciosas sopas densas que pueden ser de carne, de patatas, de verduras, hortalizas y legumbres. De estas sopas que alimentan casi como un plato principal, pruebe, por ejemplo, la sopa de patata (bramboračka) que huele a mejorana, la sopa de gulash servida en una hogaza de pan o la sopa de callos de vaca.
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