Amor a primera vista en Praga

Praga
23. 6. 2014

Como si dos enamorados se tratase, mi encuentro con la capital checa fue un amor a primera vista.

Tuve el placer de llegar a la ciudad dorada una tarde soleada de Junio, la ciudad me recibió con uno de los atardeceres más bellos que recuerdo, mis ojos quedaron atrapados por la magnífica tonalidad naranja que pintaba y custodiaba el cielo de la ciudad, mientras me aproximaba al puente de Carlos observaba atónito la majestuosa Catedral de San Vito en la cima del Castillo medieval más grande del mundo, en un momento impredecible, comenzó el romance entre ambos,  porque sin saberlo de antemano, resultó que era de esas personas que solamente me bastaba una mirada para enamorarme.


Jesús Martínez Reneo es el co-fundador de Vero4travel , uno de los blogs de viajes más seguidos y de referencia en español.  Le apasiona conocer, viajar y transmitir conocimientos a los lectores basándose en sus propias experiencias.


Como si de una mujer se tratase, durante tres días obvié la soledad de mi viaje para sentirme arropado por su compañía, sentía que Praga iba de mi mano mientras caminaba y conocía los rincones más emblemáticos de la ciudad seducido por el halo de misterio y oscurantismo que impregna la joya del gótico.

Recorrimos el centro histórico en busca de la fascinante historia de la ciudad, ascendimos caminando a la cima de la Torre del Reloj Astronómico para jurarnos amor eterno desde las alturas mientras observábamos desde arriba el ir y venir de locales y turistas por la calle más transitada de toda la República Checa.

Mientras caminábamos en dirección del Barrio Judío de la ciudad, junto antes de alcanzar la  exclusiva calle París, escuchamos varias canciones de Jazz, pero no fue hasta que un grupo decidió regalarlos el mítico tema ''Bésame Mucho'' que nos dimos cuenta que nos encontrábamos en un punto de no retorno, y en ese mismo momento sentí un flechazo tan fuerte e intenso que caí rendido a tus pies...

Nos encantaba caminar sin rumbo por el  Staré Město (La Ciudad Vieja), observando con detenimiento los elementos arquitectónicos de todas las fachadas que nos encontrábamos en nuestro paso, además entrábamos en las distintas iglesias de la ciudad soñando que en alguno de nuestros futuros encuentros podamos intercambiar el ansiado Si Quiero.

A ella le encanta el famoso escritor checo Frank Kafka, lo homenajea en muchos de los rincones de la ciudad, y decidimos ir tras sus pasos,  decidimos visitar su casa natal , que se encuentra en una plaza que recibe el nombre de este genio de origen judío y tras detenernos frente a su busto decidimos ir en busca de la Sinagoga española, allí se encuentra una de las estatuas más representativas y fotografiadas de toda la ciudad, son momentos únicos e indescriptibles, poder recorrer los senderos que este gran escritor realizó durante su vida y de la mano de la mejor compañía pensé yo.

Durante esos días comimos y cenamos juntos, a ella le encantaba el guláš  y yo siempre me decantaba por  knedlíky, pero hay algo en lo que coincidíamos ambos, siempre pedíamos cerveza checa y al juntar nuestras jarras decíamos eso de ... Na zdraví!

Como si del Callejón del Beso en Guanajuanto se tratase, nos fuimos a conocer la calle más estrecha del mundo, ambos decidimos que al caer la noche sería el momento ideal para besarnos a la luz de la luna y buscar algo de paz y tranquilidad.

Pero el momento único y mágico se produjo escalando una de las siete colinas de la ciudad, desde lo alto de la Torre Petřín, la homóloga de la Torre Eiffel de París,  le prometí bajo el manto de  estrellas que nos volveríamos a ver en más ocasiones y que no habrá ciudad que me robe el corazón como lo hizo ella,  porque como mínimo deberían dejarme ciego como hicieron con el pobre relojero Hanuš y tener alzheimer para no recordar su belleza. Y así fue...  desde la colina de los enamorados nos dijimos hasta pronto amor, mientras mis ojos empezaban a humedecerse pensando si después de esta declaración de amor me escogería a mí o se decantaría por esa preciosa declaración de amor que le dedicó el gran Joaquín Sabina en Cristales de Bohemia, y así fue como me fui pensando en volver...